El dolor crónico podría, LITERALMENTE,
Un estudio publicado en Science Translational Medicine vincula la actividad inmunitaria de la médula ósea craneal con la intensidad del dolor crónico de espalda y de rodilla, abriendo una vía inesperada para comprender -y eventualmente abordar- este tipo de dolor cuando la lesión tisular no basta para explicarlo. Añade, por tanto a la “médula ósea del cráneo”, como nueva pieza del rompecabezas neuroinmunitario (y del dolor).
El dolor crónico afecta a millones de personas y constituye uno de los mayores retos de la medicina contemporánea: con frecuencia resulta difícil de tratar y, en muchos casos, su intensidad guarda escasa relación con el daño tisular objetivable. Un nuevo estudio, publicado en Science Translational Medicine por el equipo de Marco L. Loggia, del Massachusetts General Hospital (Boston), aporta un dato que podría reorientar parte de esta investigación: una estructura hasta hace poco ignorada en este contexto, la médula ósea del cráneo, parece desempeñar un papel activo en el mantenimiento del dolor crónico.
Una estructura inmunológicamente activa
La médula ósea craneal ha empezado a reconocerse en los últimos años como un tejido inmunológicamente activo, capaz de contribuir a la inflamación cerebral y de actuar como fuente de células inmunitarias tanto en condiciones fisiológicas como patológicas. El propio grupo de Loggia había descrito previamente elevaciones de la proteína translocadora de 18 kDa (TSPO) -un marcador clásico de neuroinflamación, habitualmente empleado en estudios de PET/RM sobre el sistema nervioso central- en la médula ósea craneal de pacientes con migraña, lo que sugería una mayor densidad de células mieloides en ese compartimento. Otros grupos habían documentado hallazgos similares en distintos trastornos neuropsiquiátricos, lo que llevó a los investigadores a plantear una hipótesis más amplia: que la activación de la médula ósea craneal no sería exclusiva de la migraña, sino la expresión de una respuesta neuroinmunitaria más general, potencialmente implicada también en el dolor crónico de origen musculoesquelético.
El estudio
Para poner a prueba esta hipótesis, el equipo reclutó a 88 pacientes con dolor lumbar crónico, 37 con dolor por artrosis de rodilla y 22 personas sin dolor crónico como grupo control. A todos ellos se les realizaron estudios de PET/RM para cuantificar la señal de TSPO en la médula ósea craneal, y los hallazgos por imagen se contrastaron con análisis moleculares de muestras post mortem de médula ósea craneal procedentes de un donante con dolor crónico y otro sin antecedentes de dolor. Los pacientes con dolor lumbar eran, de media, considerablemente más jóvenes que los de artrosis de rodilla o los controles (47, 67 y 56 años, respectivamente), y la intensidad media del dolor en ambos grupos de pacientes era moderada, algo superior a 4 en una escala de 0 a 10. La fatiga, la depresión, la ansiedad y los problemas de sueño fueron significativamente más frecuentes en los pacientes que en los controles, y su funcionamiento social resultó notablemente peor.
Resultados principales
Tal y como habían anticipado los investigadores, los valores de captación estandarizada de TSPO fueron sustancialmente más altos en ambos grupos de pacientes que en los controles (aproximadamente 0,3 en controles, 0,42 en dolor lumbar y 0,5 en artrosis de rodilla), con una diferencia más marcada en el grupo de rodilla. Los niveles de TSPO se correlacionaron además con la intensidad del dolor -de forma más robusta en la artrosis de rodilla (r = 0,59) que en el dolor lumbar (r = 0,34)- y con el grado de interferencia del dolor en la actividad cotidiana (r = 0,54 y r = 0,49, respectivamente). Varias de las comorbilidades analizadas, entre ellas las alteraciones del sueño, la ansiedad y la depresión, también se asociaron con niveles más elevados de TSPO en la médula ósea craneal. Un dato adicional resulta especialmente sugerente: las elevaciones de TSPO no se distribuyeron de manera uniforme por todo el cráneo, sino que se concentraron en las regiones frontal y parietal, en ambos hemisferios. Los análisis histoquímicos post mortem respaldaron estos hallazgos por imagen: el 82% de las células examinadas en la muestra del donante con dolor crónico (un varón de 62 años con antecedentes de neuropatía dolorosa diabética y cefaleas) expresaban TSPO, frente al 55% en el donante control, y el número total de células también fue mayor en el primero.
Interpretación y cautelas
Los propios autores subrayan que estos resultados son de naturaleza correlacional y que la médula ósea craneal sigue siendo una estructura "previamente pasada por alto y todavía escasamente explorada" en el contexto del dolor, por lo que serán necesarios estudios adicionales, con muestras más amplias, para establecer una relación causal y precisar los mecanismos implicados. Con todo, el equipo apunta ya a una posible traducción terapéutica: técnicas dirigidas específicamente a la médula ósea craneal -desde abordajes farmacológicos hasta la fotoestimulación o el ultrasonido de baja intensidad- podrían explorarse en el futuro por su eventual potencial analgésico, aunque esta posibilidad es todavía especulativa. Conviene señalar, en aras de la transparencia habitual en la difusión de resultados científicos, que el estudio fue financiado por diversas agencias gubernamentales estadounidenses, y que varios de los autores -incluido el propio Loggia- declaran derechos de patente relacionados con los hallazgos, así como vínculos con distintas compañías farmacéuticas.
Por qué importa
Para la práctica clínica en neurología y en el manejo del dolor crónico -ya sea de espalda, de origen articular o, en línea con los hallazgos previos del mismo grupo, en la migraña-, este trabajo añade una pieza más a un cuadro cada vez más consistente: buena parte del dolor que no encuentra explicación suficiente en la lesión periférica podría tener un correlato neuroinmunitario identificable, y potencialmente modulable, en una estructura tan poco explorada hasta ahora como la propia médula ósea del cráneo.
Referencia: Mohammadian M, et al. "Elevated translocator protein in skull bone marrow is linked to human chronic pain." Science Translational Medicine 2026. DOI: 10.1126/scitranslmed.aed8729.